La crisis en la que el nacionalismo ha sumido a Cataluña no se está resolviendo con gestión, término desconocido en la región, sino con lo de siempre: con otra ración de identidad.
“Se ve todo distinto desde Cataluña, yo creo que allí pasa algo raro, creo que hay un complejo en Cataluña: la gente se cree que Madrid es un ente abstracto que odia a Cataluña. Al contrario, Madrid no odia a Cataluña. Alguien debió decir algún día eso y se lo han creído.” Ariadna Gil (El Mundo, 17.9.05)
Si unos y otros estamos de acuerdo en que el problema reside en un sistema electoral que prima a los partidos nacionalistas, la forma de resolverlo no consiste en lanzarle un flotador a PP y PSOE, sino en abordar de una vez una reforma en profundidad de nuestro sistema político, Constitución incluida.
"Me dirijo a usted para decirle algo que, como militante del PP, como catalán y como ciudadano, me duele profundamente, y es que usted y su labor como responsable del partido en Cataluña me avergüenzan."