La crisis en la que el nacionalismo ha sumido a Cataluña no se está resolviendo con gestión, término desconocido en la región, sino con lo de siempre: con otra ración de identidad.
Algunos de los hechos:
- Hundimiento del Carmelo. El Colegio de Periodistas recomienda no informar del asunto.
- Acusaciones de cobre de comisiones ilegales. En sede parlamentaria, los dirigentes de los principales partidos se amenazan unos a otros con tirar de la manta. El asunto nunca llega a aclararse y los medios dejar de hablar de ello. Ningún periódico catalán lo investiga.
- El aeropuerto del Prat traslada a todo el mundo en plena temporada turística la imagen de caos y anarquía con la invasión de sus pistas por el personal de tierra, que se declara en huelga salvaje. Ninguna consecuencia para quienes provocaron los hechos.
- Batallas urbanas entre “okupas” y una policía regional que parece más preocupada por el cuidado de su uniforme que por el orden público.
- La MAT (línea de muy alta tensión), que supone la conexión eléctrica con Francia, no se ha llevado a cabo por la oposición de algunos de los partidos que gobiernan la región. Los empleados de Red Eléctrica Española que trabajan en ella han de hacerlo escoltados.
- Colapso de las cercanías ferroviarias.
- Hundimiento de un muelle en construcción en el puerto de Barcelona, lo que retrasará dos años más una reforma que busca ganar terreno al mar para optimizar las instalaciones.
- División, enfrentamientos y consecuente parálisis de las obras del aeropuerto del Prat. Los partidos llevan el enfrentamiento hasta el trazado de las pistas.
- División, enfrentamientos y consecuente parálisis de la entrada del AVE en la ciudad de Barcelona.
El nacionalismo, el convergente o el tripartidario de socialistas, republicanos y comunistas, ha convertido Cataluña en el paradigma del gobierno basado en la identidad. Desde hace casi tres décadas, la casta étnica enquistada en todos los ámbitos de la sociedad catalana y aun en sus más recónditos recovecos, ha empleado todos los recursos humanos y económicos de los ciudadanos para sustentar las bases de la sociedad sobre pilares etnicistas y no a partir de la gestión eficaz de las necesidades concretas de la población.
En Cataluña, como en el País Vasco y también, en menor medida, en Galicia, se ha considerado prioritario crear un nuevo imaginario colectivo y se ha preferido, por ejemplo, destinar el dinero a la imposición de símbolos presentados como “nacionales” antes que a la construcción de vías de comunicación.
La consecuencia de este pervertido ejercicio de la práctica política ha sido doble. Por un lado se ha encarecido la vida de los ciudadanos, que han tenido que pagar de su bolsillo el intento de construcción “nacional”. Y por otro se han descuidado las políticas destinadas a resolver las cosas, con el consiguiente empobrecimiento de la vida colectiva.
Lo único que hacen los etnicistas ante el fracaso de su gestión es señalar a “Madrit” y hablar del dinero que se les ha robado a lo largo de la Historia. En Cataluña, dicen, el Estado invierte menos de lo que la sociedad catalana produce. ¿Significa eso que los gobiernos de la nación han ignorado las necesidades de Cataluña?
Estos días los etnicistas agitan airados un estudio de la Cámara de Comercio de Barcelona en el que se señala que la factura eléctrica catalana supone el 25% del total nacional, mientras las inversiones de retorno se sitúan en el 15%. Dando por válido el cálculo (¿está hecho con el mismo rigor que el de las balanzas fiscales?), existiría un supuesto déficit del 10%. ¿Se han preguntado esos mismos analistas cuál es el déficit resultante de un cálculo similar en la Comunidad de Madrid, por ejemplo, o en la Valenciana?
Cualquiera que mire más allá de su propio ombligo es capaz de entender que en todos los países razonablemente desarrollados y democráticos, la administración distribuye el dinero de todos, repetimos, de todos, en función de las necesidades de cada zona. Y en nuestro país sigue habiendo regiones con necesidades más urgentes. Aunque este hecho no sirva a la hora de hablar con un etnicista porque ni lo entiende, ni cree que tal circunstancia tenga nada que ver con él y con su ególatra (y bastante histérica) visión del mundo.
Cuando la sociedad nacionalista hace aguas por todas partes, vuelve a lo de siempre, al ombligo. El hecho de que el gobierno regional catalán tenga transferidas las competencias precisamente en las materias que se han demostrado fracasadas, no ha arrugado un milímetro la frente del presidente de la Generalidad catalana, ni la de ninguno de sus consejeros y socios. Aquí no pasa nada, es la consigna, porque la culpa es de Madrid. El resto, lo de siempre, la habitual deposición mediática:
- “A media luz nos han dejado las madrileñas REE, responsable jacobina de la red eléctrica, y Endesa, el holding privado del PP que controla la catalana Fecsa. El crepúsculo interior provocado, como siempre, por Madrid.
“La madrileña Aena, responsable del desastre del aeropuerto de Barcelona el 2006, la madrileña Renfe, responsable del desastre permanente ferroviario, la madrileña REE y la madrileña Endesa, responsables del desastre eléctrico de 2007. En Catalunya manda la economía y en Madrid manda la política. Los desastres recurrentes que sufrimos los catalanes por la incompetencia de los monopolios centralistas no son casualidad.” Josep C. Vergés, «A media luz» de Madrid.
- "Una nueva barbaridad que sumar a las de Cercanías, aeropuerto, peajes e infraestructuras en general. Un apagón en Barcelona ha provocado, está provocando todavía, un caos sin precedentes. Gracias al desastre hemos sabido algo más. Quizás no tiene que ver con las balanzas fiscales, pero va por el mismo camino. Catalunya paga el 25% de la factura de la luz española y recibe el 15% de las inversiones en mejoras e infraestructuras. El desequilibrio es evidente. Pero si nos hacemos notar corremos el riesgo que nos llamen identitarios, separatistas, insolidarios y etc.
“No sé qué más debe pasar para todo el mundo vea que no podemos seguir cargando con este cadáver, España. No sé qué más debe pasar para que todo el mundo vea que necesitamos la independencia inmediatamente.” Rafel Molina, Una nova bestiesa.










