Lenguas y sistemas democráticos
"A un nacionalista nunca le dejas satisfecho. Ya te manifiestes hostil, comprensivo o desinteresado, se las arreglará siempre para presentarte como un potencial genocida obsesionado por destruir su paisito."
El nacionalismo anda todo el día colgado de las consultas, sobre todo desde que husmearon elecciones en el horizonte. Presumen de que, en lo que a ellos concierne, todo se basa en la decisión de la mayoría. Pues bien, tienen un elemento muy a mano para demostrar su respeto a la decisión de la ciudadanía: que dejen a cada uno hablar en el idioma que le dé la gana. Porque como recuerdan una y otra vez los especialistas, la preservación de una lengua solo depende de la voluntad de los hablantes. Y si las lenguas desaparecen, es porque quienes las podrían usar prefieren no perder el tiempo en ello.
También aluden a la riqueza que crea la diversidad, estupidez esta última muy de moda en nuestros días. ¿Quién ha demostrado semejante aseveración? ¿Por qué un mayor número de diferencias supone una mayor riqueza? ¿Riqueza en qué sentido? ¿Qué tiene de eficaz la atomización sin límite de la sociedad, que de eso se trata finalmente (el valle de Arán dentro de Cataluña)?
Pero volvamos a las lenguas y su desaparición. No es el caso, desde luego, del catalán, ni del vasco, ni del gallego, por más que de manera periódica asistamos a ataques de histeria de los etnicistas, que anuncian el apocalipsis lingüístico de sus regiones (generalmente, acompañado de un nuevo genocidio españolista). En 2005 colgamos un texto titulado ¿Y qué si una lengua desaparece?, en el que el académico Gregorio Salvador se preguntaba por el asunto. Hoy Jon Juaristi vuelve a reflexionar sobre ello:
"Hace un par de semanas, me entrevistaron en un programa de Radio Euskadi. La conversación fue relajada, y el trato que recibí de los locutores, amable. Hablamos de la situación actual de la lengua española y de la vasca y del futuro posible de ambas. En cierto momento me preguntaron cuál sería mi actitud ante una hipotética extinción del eusquera, y confesé que me resultaría indiferente.
"Aclaré que son los hablantes habituales de una lengua los directamente afectados por la suerte de la misma y que yo no me encuentro en ese número, en lo que a la vasca se refiere. Podía haber añadido que, en las sociedades democráticas, la supervivencia de las lenguas depende de la adhesión de sus hablantes, y que, por tanto, si el eusquera dejara de utilizarse, ello se debería a su abandono voluntario por parte de los vascohablantes, pero me pareció una obviedad innecesaria.
"Sin embargo, algunos medios locales -no muchos- se escandalizaron, interpretando mis palabras como un ataque al eusquera, lengua, por cierto, en que se había desarrollado toda la entrevista (lo que explica, intuyo, su escasa repercusión pública).
"Este tipo de escándalos me produce un aburrimiento inmenso. Si hubiese afirmado sentir preocupación por el destino del eusquera, se me habría tachado de hipócrita o de algo peor. A un nacionalista nunca le dejas satisfecho. Ya te manifiestes hostil, comprensivo o desinteresado, se las arreglará siempre para presentarte como un potencial genocida obsesionado por destruir su paisito.
"A mí, del País Vasco, me preocupa el fascismo cotidiano y el terrorismo exportable. El hecho de que una parte de la población hable en eusquera nunca me ha parecido mal (no así la imposición del eusquera a quienes no desean aprenderlo ni hablarlo, por supuesto). En general, la lengua vasca me interesa como objeto de estudio, con independencia de que se use o se deje de usar como instrumento de comunicación. Pero ello no quiere decir que abogue por su erradicación. Me da igual que sus hablantes la mantengan o la olviden: es su responsabilidad y no la mía.
"Sin embargo, los nacionalistas tienen la manía de endosar esa y otras responsabilidades parecidas a los que no somos nacionalistas. Según mis escoliastas abertzales, el futuro del eusquera parece depender en alguna medida de lo que yo piense del mismo, y eso, a todas luces, es un despropósito. De modo análogo, sólo partiendo de la ficción de que el destino de los vascos está secuestrado por los no vascos (tradúzcase: por los no nacionalistas) puede permitirse el lehendakari convocar un referéndum para reapropiarse de algo que nunca ha perdido.
"Al contrario: el destino de los vascos, nacionalistas o no, ha estado durante los últimos veintisiete años sometido al partido de Ibarreche, gracias a la sobrerrepresentación política del nacionalismo, en la que algo ha tenido que ver la presión terrorista de ETA sobre la población española.
"No ocultaré que el País Vasco me parece, hoy por hoy, la menos apetecible de las regiones de España para fijar mi residencia, y que bendigo el día en que decidí avecindarme de por vida en las proximidades del Tajuña. Haber aprendido el eusquera en mi ya remota juventud no me convierte, por fortuna, en miembro crónico de una minoría lingüística y cultural, cuyo destino, repito, no es de mi incumbencia. Sí lo es, en cambio, la pulsión secesionista de Ibarreche.
"Que el lehendakari suponga que los vascos pueden decidir por mayoría si se quedan, se van o siguen sólo como mediopensionistas me toca las narices, aunque personalmente no tenga intención de ir a morar «en aquella fertilidad de Axarafe e abundancia de campiña», que decía Hernando del Pulgar. La nación no es una familia.
"Se asemeja más a una comunidad de vecinos que no se deben mutuo amor, sino respeto a la ordenanza de la finca. Si los del sexto derecha deciden por su cuenta no pagar las cuotas de mantenimiento, a los tribunales con ellos. Y que no me usen el ascensor ni les pinten el rellano, así lo pidan en arameo." Jon Juaristi, Consultas.














Sirve para el nacionalismo español también, no?
Publicado por: Adolfo H. | lunes 8 de octubre de 2007 a las 9:42
Como dice Adolfo H., todo lo que escribes en este artículo (y en muchos otros) también se aplica al mayor de los nacionalismos en Españñññña, no?
Publicado por: Ctesifone | martes 9 de octubre de 2007 a las 18:21
El nacionalismo vasco en general le debe todo sus logros al chantaje de ETA al estado. En referencia a los anteriores, al nacionalismo español como lo llamais, no es aplicable las locuras acontecidas a lo largo de toda la democracia dominada por los separatismos.
Publicado por: bidache | martes 9 de octubre de 2007 a las 18:28
Ciutadans condena la exaltacion fascista
http://meneame.net/story/ciutadans-condena-exaltacion-fascista-quema-fotos-carod-ibarretxe-vale
Publicado por: Sergio | domingo 14 de octubre de 2007 a las 1:30
El nacionalismo vasco (y me refiero al radical) se acabará tan pronto como el gobierno español le cobre todos y cada uno de los gastos que ha generado y genera su terrorismo de cualquier tipo, y me refiero a cobrarlos en euros, contantes y sonantes.
Es un "problema" que han generado los vascos y son éstos los que han de correr con todos los gastos, indemnizaciones y compensaciones que ha acarreado y acarrea su "problema".
Creo que al final, deberiamos hacer un referéndum en España pero no para decidir si los vascos (y los catalanes también, porque no) pueden celebrar su referendum de autodeterminación sino para decidir si queremos que sigan conviviendo con el resto de españoles o por el contrario decidimos expulsarlos de España (con su territorio claro) por "malos vecinos" y antidemócratas.
En la democracia sobran los fascistas, y todos los nacionalistas lo son, ...y MUCHO.
Publicado por: José | domingo 14 de octubre de 2007 a las 1:38
José, me encanta tu propuesta. Como parece que en Madrid todos tienen miedo a la democracia y que un referéndum en Euskadi o Catalunya diese unos resultados que ellos no quieren, sería bueno optar por tu alternativa.
Como la mayoría de bascos son terroristas y los catalanes, insolidarios que imponemos el catalán, creo que incluso sería posible un resultado favorable en el supuesto referéndum.
Al final y al cabo, si hay independentistas es porque se sienten a disgusto (política, cultural, ecónomicamente...) dentro de España.
Por favor José, difunde tu razonamiento entre el resto de españoles cansados de nuestro nacionalismo (periférico, muy a pesar del central).
Publicado por: pep | lunes 15 de octubre de 2007 a las 3:34
Yo también me apunto al referendum propuesto por José. Por fin un poco de lucidez en este blog! Si ya lo decía Ortega y Gasset, que una nación no se aguanta por muchas banderas o reyes con problemas de habla que se impongan, una nación se sotiene por las ganas de ir adelante juntos y por un proyecto nacional que interese a todos, cosa que no pasa en Españññññña.
Publicado por: Ctesifone | lunes 15 de octubre de 2007 a las 13:14
Pues venga, venga, adelante. Que alguien se vaya encargando de promoverlo en webs y blogs. A ver si podemos vivir tranquilos y en paz los que queremos vivir tranquilos y en paz.
Publicado por: José | martes 16 de octubre de 2007 a las 0:50
Pep, que “en Madrid todos tienen miedo a la democracia”, que “la mayoría de los bascos (sic) sean unos terroristas o que los catalanes son unos insolidarios” será porque lo dices tú, no porque lo argumente nadie que no comparta tus ideas.
Y en cuanto a que los independentistas lo son porque se sienten “a disgusto por razones políticas, culturales o económicas ...” creo que se califica a sí mismo. Desconozco qué quieres decir con lo de las razones políticas y culturales (que dicho así quiere decir todo y nada a la vez), pero en cuanto a lo de las razones económicas permíteme que te diga que no, que por eso no paso.
Si el saldo fiscal de Cataluña es deficitario con el resto de España (al igual, por cierto, que las demás regiones ricas, empezando por Madrid y Baleares), su saldo comercial es, por el contrario, claramente favorable: venden al resto del país varias veces lo que le compran. Puedes comprobar esto en diversos estudios que encontrarás en la red, o en publicaciones de BBVA, La Caixa o la Universidad de Barcelona. Y si a los independentistas el saldo fiscal parece que les indigna, a los del otro lado le escuece tremendamente el saldo comercial. Si los independentistas se quieren ir – a lo que indiscutiblemente tienen todo el derecho - tendrán que entender que los demás españoles no tienen ninguna obligación de seguir manteniendo ese déficit comercial. En esto los independentistas catalanes no se diferencian en nada de sus colegas flamencos o padanos (por cierto, ambos de la extrema derecha xenófoba más pura y dura).
Algo similar es aplicable a los nacionalistas vascos, con el agravante del cupo fiscal, de lo más “democrático” ...
En fin, que me tacharás de “nacionalista español” por no estar de acuerdo con tus ideas, pero, en fín, qué se le va a hacer: yo no defiendo eliminar tus libertades (que son las de todos), ni tu cultura (que lo es también de gente no nacionalista y que no es tan distinta de los que te rodean) ni (¡ay!) tu economía... Saludos, Gonzalo
Publicado por: gonzalo | sábado 20 de octubre de 2007 a las 0:32