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lunes 26 de noviembre de 2007

El ingenuo papelón de Paco Candel

A la vista de las consecuencias, hubo más sombras que luces en el papel que Paco Candel (ahora se llamaba Francesc) jugó en la izquierda catalana de la transición.


Es difícil no recordarle con cariño y con respeto. El primero, derivado de su humanidad cálida y próxima. El segundo, de su coherencia. Por cierto, cualidades todas ellas que ha perdido la izquierda. Sin embargo, más allá de su voluntad, de los propósitos que le animaban, de sus razones (parecían tan poderosas entonces), hay más sombras que luces en el papel que Paco Candel (ahora se llamaba Francesc) jugó en la izquierda catalana de la transición.


A Candel le sucedió como a los protagonistas políticos de aquel período, como a los constituyentes y a casi todas las élites que, en la segunda mitad de los 70, se afanaron por construir una democracia aceptable para todos, y no solo para “los nuestros”, como sucede hoy con eso que llaman la segunda transición.


Candel fue el gran Tío Tom de la transición para la izquierda catalana. Con su esfuerzo plantó la semilla que años más tarde permitiría a la izquierda abandonar su ideología y pasarse en bloque al etnicismo. Candel logró que el PSUC, y en menor medida los numerosos grupitos a su izquierda, se convirtieran en la vía a través de la cual las personas de izquierda no catalanistas y no catalanas dieran por buena la sarta de sandeces del nacionalismo (la otra gran vía de asimilación fue el Barça. El resto, el pujolismo de cancioncitas en el Palau o la supuesta “cultura catalana resistente”, no era más que folclore marginal sin la menor repercusión social y política).


Lo de “som una nació”, la supuesta identidad secular, los derechos históricos, el despreciable trabajo de ruptura de los vínculos afectivos con el resto del país, la quiebra del concepto de solidaridad, toda la basura nacionalista formaba parte de un mismo paquete que, en su ingenuidad, los constituyentes tragaron en Madrid a cambio de una vaga promesa de lealtad. En Cataluña ese papel le correspondió a Paco Candel.


Fue él quien logró que, al llegar el 77, la progresía de la época en toda España viera el nacionalismo como una opción respetable y legítima y como una víctima principal de la dictadura. Candel sentó las bases de la complicidad futura de la izquierda con el etnicismo gracias a su labor de adecentamiento de una ideología que nunca ha dejado de ser reaccionaria y bastante pestilente (también lo era entonces). Se encargó de limpiar los lamparones a los nacionalistas, de ocultar su ausencia y aun su complicidad durante 40 años. Preparó a los nacionalistas para una ITV de la que supieron sacar el mayor partido.


En este sentido, Paco Candel fue también una víctima del nacionalismo, como lo fueron casi todos durante la transición. De modo que no caben reproches. Pero sí poner las cosas en su sitio.

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