Ya no soy catalán
Un insigne representante del nacionalismo catalán, sector Convergència Democrática de Catalunya, acaba de establecer quién es catalán y quien, un paria probablemente español. Si Maragall decía que era preciso llevar la lengua catalana en el ADN, Joan Oliver parte del requisito para dar un paso más al sentenciar que “es catalán el que habla catalán”. Punto.
Joan Oliver fue durante largos años director de TV3, la televisión “nacional” del gobierno regional catalán, es decir, la televisión étnica, que los ciudadanos que viven en Cataluña pagan religiosamente para que, con su dinero, las personas a las que votan limiten sus derechos, algunos tan básicos como la elección de lengua.
Oliver es además director de un portal subvencionado donde un grupo de xenófobos reconocidos que presumen de liberales, vinculados todos ellos al partido de los Pujol, exhiben, por ejemplo, un marcador que registra céntimo a céntimo el supuesto saqueo al que España somete a las cuatro provincias que estos imaginativos activistas de nuestro KKK consideran “nación”.
Entre los miembros de esta corte de los milagros nacionalistas, esa pústula de la España más negra de la que todavía no hemos logrado desprendernos, figuran incontinentes como Alfonso López Tena, el valenciano andaluz del CGPJ que provoca incendios allá por donde pasa; exhibicionistas como Xavier Sala-i-Martín, notorio y locuaz racista muy considerado por algunos puristas del liberalismo, que para algunas cosas tienen unas tragaderas de mucho cuidado; periodistas expertos en la pedagogía del odio, como Vicent Sanchis (“La España actual es inviable”, “Sin conflicto Cataluña retrocede, el conflicto es necesario”), vicepresidente de la organización expansionista Òmnium Cultural, o Vicenç Villatoro, más unos cuantos pardillos (¿o se trata de mero oportunismo?) y algún que otro ilustre nombre de oscuros antecedentes judiciales.
Joan Oliver (“No creo en la televisión pública, pero TV3 es en catalán”, “Me cabrea que España haya ganado la cosa esa del fútbol, me da una rabia inmensa”) acaba de establecer el requisito que deben cumplir aquellos que aspiren a ser buenos ciudadanos, es decir, catalanes:
“Para ser catalán se debe pagar un pequeño peaje: hablar nuestra lengua. Quien habla catalán es catalán, y se acabó lo que se daba. Si no tenemos lengua no tenemos nada, y es que lo único que tenemos es la lengua.” Joan Oliver, És català qui parla català (Avui, 22.7.08)
Así que a partir de hoy ya no soy catalán. Y se acabó lo que se daba. Cada día nos ponen las cosas más fáciles. Porque a decir verdad resulta una afrenta ética e intelectual que a uno, por el hecho de haber nacido en Barcelona, esta pandilla de salteadores de balanzas fiscales le considere miembro de semejante rebaño.












A ver, este Olivares de qué va? Para ser bandolero él paga este peaje, el de faltarnos a los demás con la frente bien alta... hay peajes y peajes...
Publicado por: mandrós | 07/24/2008 at 11:34 p.m.