El Partido Popular depositará sus votos de apoyo al parche que promueve el PSOE en el Congreso de los Diputados. Y luego descubrirá que los socialistas le han engañado otra vez.
- No amplía la libertad del ciudadano para elegir a sus representantes: no se abren ni se desbloquean las listas, ni se aborda un sistema de representación más ajustado a la población real.
- Mantiene intacto el trato privilegiado que la norma en vigor otorga a grupúsculos regionales de escasa representación. Así, los partidos antisistema, es decir, los partidos nacionalistas, seguirán ejerciendo de árbitros de la política nacional. Con 779.000 votos en las pasadas elecciones generales, CiU logró 10 escaños. Con 969.000 votos, IU se quedó con 2.
- Persiste en sostener un sistema electoral que convierte a los partidos políticos en las únicas organizaciones no democráticas de nuestro país. Sus cúpulas seguirán decidiendo quién es cargo electo y quién se queda en la sede. Y los elegidos seguirán respondiendo de su gestión ante su jefe, y no ante el ciudadano que vota.
Pero además la reforma de la vigente ley electoral tampoco servirá para lo que creen en el PP que va a servir. Alardean los populares de que van a acabar con la presencia de ETA en las instituciones. Falso.
La reforma pactada y admitida a trámite ayer en el Congreso de los Diputados señala que cuando se detecte la presencia de listas contaminadas por ETA, los cargos electos tendrán 15 días para condenar la violencia. Si no lo hacen, perderán el acta. Si lo hacen, seguirán en la institución para la que fueron elegidos. ¿Pero qué es condenar la violencia?
Sabemos lo que el PSOE entiende por condenar la violencia. La política de privilegios penitenciarios a terroristas etarras que están aplicando hoy Zapatero y su partido se basa precisamente en su idea de condenar la violencia.
Con la actual reforma de la ley electoral, los Arnaldos Otegis expresarán su condena verbal a la violencia cuantas veces sea necesario. Sin el menor inconveniente. En realidad ya lo han hecho muchos de los más sanguinarios asesinos de ETA, y por eso reciben terceros grados penitenciarios. Lo ha hecho de facto el propio Otegi: no otra cosa es el mitin de Anoeta.
La reforma de la ley electoral es una reforma trampa. Otra más.
