Es el partido de la violencia ejercida sobre el otro. El partido que discrimina en razón de la lengua (de momento). Un partido poblado de xenófobos cuyas declaraciones públicas les han puesto en más de un aprieto: "No puedo jugar, mamá, todos los niños son castellanos" (los hijos de Pujol, que hoy dirigen la Generalidad, a mamá Ferrusola). Hoy desde ese partido se pide poco menos que un retorno a lo políticamente correcto.
Carles Campuzano está sufriendo. Así lo afirma en su blog. Padece mucho. El comportamiento políticamente incorrecto le está haciendo sufrir, y por eso declara:
“Algunos echamos de menos el tan menospreciado ‘políticamente correcto’.”
Dice más cosas este hombre sensible:
"El insulto, la demagogia incendiaria y la mentira siempre tienen consecuencias".
"Las palabras envenenadas de odio acostumbran a transformarse en violencia".
Insinúa, desliza la insidia. Traslada la matanza de Tucson a España a la manera de Artur Mas: “Dios no quiera que gane el PP”. J.L. Carod expresó una idea parecida de otra manera:
“El estilo catalán de hacer política es más educado, más civilizado, no agresivo ni destructivo.” (Avui, 21.6.06)
El pasado domingo, en el periódico La Vanguardia, Artur Mas, jefe de Carles Campuzano declaraba:
“No avanzaremos gracias a Madrid, porque siempre nos pondrá todos los impedimentos posibles, la historia lo demuestra. Hacia la plenitud nacional se avanza con una conciencia nacional. Siempre habrá pequeños grupos que no se identifiquen pero no hay más camino que picar pedra. Hay que convencer a la gente de que ser catalán no es sólo un problema de herencia, sino que también es un tema de proyecto. Que ser catalán es mejor que no serlo, que en Catalunya se hacen las cosas bien, que nuestra cultura es atractiva, nuestra lengua seduce y nuestra creatividad se contagia.
¿Hasta dónde está dispuesto el Estado español a cambiar para acoger a Catalunya, hasta dónde está dispuesto a cambiar para que Catalunya se sienta respetada y apreciada dentro del Estado español?”
Los creadores del control lingüístico de la población a través de una red de oficinas de delación y de las multas lingüísticas sienten nostalgia de lo políticamente correcto:
“Nosotros no vamos a dar marcha atrás en la inmersión lingüística en catalán. Hay que hacer cosas de discriminación positiva para ayudar a que el catalán sea conocido por todo el mundo. Eso pasa por la inmersión lingüística en la escuela.” (Artur Mas en La Vanguardia)
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