Agazapada tras la derrota, aguarda su momento una miríada de grupos, grupúsculos, partidos, sindicatos, asociaciones, privilegiados del antiguo régimen zapatero, zánganos del dinero público, fundaciones y plataformas de izquierdas.
Antes de la primavera se habrán convocado ya las primeras huelgas generales y esta Semana Santa no será posible viajar, ni se permitirá que lleguen turistas, que algo podrían ayudarnos a sobrellevar la ruina en que los agresores han dejado la nación.
Al arribar los primeros calores, la calle estará tan incendiada que echaremos de menos los intentos de asalto a las sedes del PP en 2004, o la ocupación de Sol.
Al PSOE le va a venir muy bien el punch. Por una parte, permitirá testar nuevos líderes. Los actuales ya no sirven y los que pretenden saltar a la palestra tras el descalabro de Alferedo Pérez Rubalcaba están tan quemados como él.
El PSOE se apuntará al populismo pendenciero y andará a la búsqueda de su mejor demagogo. Tipos como Tomás Gómez, el más desvergonzado peronista del PSOE desde el Alfonso Guerra de los 80, creerán llegada su oportunidad.
Y por otro lado la revuelta de los privilegiados, que el PSOE presentará como una revolución popular frente a supuestos privilegios de terceros, contribuirá a quemar a un Gobierno popular que necesitará todos los apoyos imaginables para sobrevivir.
Lo siento por quienes estáis tan ilusionados en formar parte del primer Gobierno de Mariano Rajoy. Entiendo las ganas y la emoción. Pero ese primer consejo de ministros está llamado a consumirse antes de un año. Pocos sobrevivirán a lo que se avecina.
Y tras 41 líneas no he mencionado ni una sola vez la quiebra económica y el inevitable aumento el desempleo que se producirá en los primeros meses de gobierno popular si Rajoy hace lo que tiene que hacer. Toneladas de sal en la herida.
Tampoco he mencionado que en ese contexto algunos vamos a hacer incómoda la gestión de gobierno para conseguir el desmantelamiento del proyecto Zapatero, con la derogación de la legislación destructiva que el PSOE ha dejado.
En esas condiciones, ¿basta una mayoría absoluta? Imaginemos la situación más probable (las encuestas sirven para lo que sirven, no para informar): el PP llega a los 170 escaños o algo más y el PSOE se queda en los 130. ¿Cuarenta escaños de diferencia proporcionarían al nuevo Gobierno la legitimidad necesaria para enfrentarse a una operación parecida a la de la guerra de Irak?
Para sobrevivir a una suerte de intento de golpe de estado, que es en realidad lo que le espera a Mariano Rajoy, no basta con una mayoría absoluta holgada. En cualquier otro momento o en otro país, cuarenta escaños de diferencia son un mundo que permite cualquier cosa a quien los posee. En nuestra nación, con una izquierda bananera que ha vivido instalada en el golpismo desde sus origenes y lo ha practicado siempre que ha quedado apartada del poder, en todas las ocasiones y en todas las épocas, cuarenta escaños no son nada.
Para superar el asalto al poder que aguarda tras el 20N se necesita una mayoría abrumadora que deslegitime a los partidos de izquierda, que haga patente su soledad y ponga en evidencia su fracaso absoluto.
En estas elecciones es fundamental que la izquierda española quede deslegitimada. Y para eso el PP no solo debe alzarse con el triunfo electoral: ha de arrasar.
El 20N no nos jugamos en España un cambio de Gobierno sino el propio sistema, el buen funcionamiento de nuestra democracia y aún más: el futuro de la nación.
Lo que está en juego en nuestro país no es quién ocupará la Moncloa o quién dejará de ser ministra, sino nuestra identidad tal como la conocemos hoy.
Por eso no basta una mayoría absoluta. Y no se trata de darle más poder al PP, sino de laminar el proyecto de una izquierda cuyo único objetivo es la destrucción de nuestra identidad, de nuestra cultura y de nuestra convivencia.
Lo han intentando durante los últimos ocho años utilizando el Boletín Oficial del Estado. A partir del 20N lo intentarán con métodos más sucios.
Que cuando llegue ese momento no estés en el pelotón de los quejicas.
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En episodios anteriores:
Privilegios indignados: el PSOE empieza la campaña de verdad
No saldremos de esta sin violencia
El PSOE más peligroso es el derrotado
Esto es lo que está soñando la izquierda
