Organizaciones racistas como el Ku Klux Klan consideran a las personas por el color de la piel y parten de este dato para organizar la sociedad. El nacionalismo ha cambiado la piel por el idioma. El resultado es el mismo: una sociedad enferma. El sueño de la lengua impuesta produce monstruos.
La casualidad pone el difunto: Heribert Barrera. El calendario aporta el tótem tribal: 11 de septiembre, día “nacional” de la región. Y Bruselas, la excusa: la reforma de la Constitución.
En vida, Barrera, master en pedagogía del odio, se declaró partidario de la esterilización del “débil mental”, de convocar un referéndum sobre la admisión de extranjeros en Cataluña y del restablecimiento de la pena de muerte. Y dejó escrito que “en América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos”.
La pedagogía del odio se ha incrementado en los últimos meses en Cataluña en la misma proporción en que se ha consolidado la complicidad del Gobierno del PSOE con ETA y ha subido el listón etnicista en CiU y en el resto de palmeros de la xenofobia y el guerracivilismo.
El aprendiz de genocida lo tiene fácil en la España de nuestros días. Este territorio de la histeria que es internet le facilita las prácticas: puede ir dejando su rastro en todas partes amparado en la impunidad del nick. Pero más fácil todavía se lo pone la supuesta intelligentsia del sistema. Del sistema progresista.
En 2003, los dirigentes socialistas no sabían todavía que estaban a punto de convertir en instrumento electoral a casi 200 personas asesinadas en atentado terrorista. En aquella fecha, el PSOE estaba convencido de que sería derrotado en las elecciones generales a celebrar un año después. Y a falta todavía de cadáveres a los que utilizar y con los que corromper la convivencia, echaron mano de la nación. Hoy vuelven a hacer lo mismo.
El proyecto Zapatero llama igualdad a perseguir y castigar con dureza a quien critique los planteamientos o las conductas públicas de grupos que el Estado considere minoritarios. Esa es la esencia de la recién anunciada Ley de Igualdad de Trato. Pero sucede que en algunos lugares de España, los españoles son considerados minoría.
Todas las ceremonias fascistas, sea cual sea su grado de podredumbre, resultan vistosas y a menudo espectaculares. En el caso de Cataluña solo lo primero, porque el nacionalismo catalán se queda en fascistoide y además nunca fue espectacular.
Aquí tienes los impresos necesarios para hacer llegar a la oficina del Defensor del Pueblo tu denuncia contra la nueva imposición de la lengua obligatoria.
La balcanización se acelera. Entramos en la fase de desafío abierto. El tripartito anuncia el inicio de los actos institucionales de
desacato con la aprobación de la inconstitucional ley de veguerías. Las
instituciones del Estado callan.
Los líderes políticos catalanes hablan chino. No chino mandarín, sino
el chino arrabalero de la calle Robadors de finales de los 60, cuando
los progres, es decir, ellos, los líderes políticos catalanes, recorrían
el cochambroso barrio chino barcelonés con cara de National
Geographic para ver a las putas (hoy las llamarían “putas
españolas”, pero ya ninguna lo es).
Todo lo impregna. Como el chapapote negro y pegajoso que se adhiere a
todo, así el nacionalismo todo lo contamina y corrompe. La economía y
la comunicación, pero también la comida y el arte. Las ideas y la
política. El deporte y hasta la Iglesia. Todo lo ensucia.
Es mucho peor de lo que habíamos imaginado. En el estatuto catalán
no debe haber nada aprovechable cuando, a juicio del Tribunal
Constitucional, ni siquiera con el reconocimiento explícito de “la
indisoluble unidad de la nación española”, el texto puede recibir el
plácet.
El País,
medio al que pertenece la fotografía, los llama "los progresistas":
Manuel Aragón, Ramón Rodríguez Arribas, Elisa Pérez Vera, Javier
Delgado Barrio y María Emilia Casas.
"Atribuir un río al pueblo ante el cual pasan cantarinas sus aguas es algo parecido al hecho de que Viena quisiera apropiarse del Danubio porque el joven Strauss escribió un famoso vals a él dedicado."
"No nos dejemos llevar por la racionalidad abstracta. Lo que verdaderamente está en juego es la integridad y la legitimación del Estado democrático en España, a la vez que la unidad y la dimensión del mercado interior nacional."
El ministro de Cultura ha anunciado la concesión de "importantes subvenciones" para el cine en gallego, en catalán y en vasco. Según César Antonio Molina, estas cantidades de dinero se entregarán como "forma de reconocimiento y protección" al cine en lenguas regionales.
"La víctima siempre es la misma: la solidaridad entre los españoles, una de las piezas que justifican nada menos que al Estado moderno, construido precisamente para fabricar cohesión entre las clases sociales y entre los territorios."