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El día que murió Miguel Angel Blanco

Creo que el día que me sentí realmente español y, es más, el primer día que la bandera tuvo un significado para mí, fue cuando sucedió lo de Miguel Angel Blanco. (Publicado por El Navegante)


Estaba, junto con otra gente en la sede provincial de PP de Valencia, cerca de la plaza del Ayuntamiento. Estaban los del PP, una representación del PSOE y otra de Unión Valenciana. Estuvimos por la tarde y toda la noche, hablando con el País Vasco por teléfono para ver cómo iban los acontecimientos.


El caso es que decidimos ir a la plaza del Ayuntamiento de madrugada para apoyar con nuestra presencia a Miguel Angel y a su familia, así como la voluntad de todo un pueblo porque terminara aquella angustia.


La primera vez que fuimos, estaba todo vacío, pero en las siguientes veces que nos reunimos en la plaza, poco a poco iba llegando de manera espontánea más gente, y poco a poco se fue llenando. Esa fue la primera vez que supe qué significaba la bandera y el concepto de España.


Es la unión de gente de bien que tienen un objetivo claro, la libertad, el amor por la vida, el apoyo mutuo, los derechos fundamentales de todos nosotros y la absoluta unidad como país en tanto que somos un pueblo, una gente. Ahí nadie se reía ni contaba chistes, nadie fue obligado. Todos fueron de manera espontánea, la gente del PP, la gente del PSOE, la gente de UV, y todos aquellos que esa noche y durante el resto del tiempo acudieron, sin frivolidad, sin ideologías políticas; con una sola ideología y naturaleza: la unidad como pueblo frente al terror. (Publicado por El Navegante)

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Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian El día que murió Miguel Angel Blanco:

Comentarios

Yo era un niño y pintaba figuritas de Warhammer, pero rompí a llorar.
Aquel día le mataron a él y quisieron matar a la Democracia. No lo lograron.

El día que murió Miguel Ángel Blanco... yo estaba en mi casa, en Donosti y salio por la tele la noticia de que le habían encontrado cerca de un puente con varios disparos en la cabeza. Llego agonizando al hospital Arantzazuko Ama donde murió. Curiosamente su muerte dio vida a un fenómeno, casi mesiánico, que cruelmente no duro tanto como a mi me hubiese gustado. Tuvo que morir para que nuestras conciencias viviesen, para que sintiésemos lo que somos: que somos muchos más que ellos y somos más fuertes.

En un país donde si llevas una ikurriña no te pasa nada pero si vas con la española te pueden mirar con asco, o en algunos pueblos incluso lincharte públicamente (eso es libertad de expresión y respeto a tus ideas y lo demás tonterías) parecía que ahora eran ellos los seres inferiores y sentí que podía gritar “Gora Euskadi eta Espaiñia” (Viva Euskadi y España) sin correr miedo por mi integridad física. Lo mejor es que, se a ciencia cierta, que en ese momento se podía seguir siendo nacionalista vasco y gritarlo, que la gente no estaba enfadada políticamente sin éticamente: las banderas sobraron ese día.

Fue impresionante pasar por la sede de HB en la calle Urbieta y ver un cordón de ertzainas custodiando el portal de su sede de una masa de donostiarras enfurecidos. La gente estaba harta: ETA se había pasado, y mucho; fue la gota que colmo el vaso y todos los donostiarras nos unimos (tanto socialistas e IU como populares y peneuvistas) dando igual el color de la ideología. Y esa gente que nunca critica a ETA y sin embargo si a todo político e ideas que no sean las suyas nacionalistas, sintió miedo por primera vez en la historia de la democracia española. Mucha gente estaba apretando los dientes para no entrar a sangre y fuego allí aunque muchos sentíamos ese sentimiento brutal y primitivo que es la venganza, la justa retribución del dolor de las casi cien victimas mortales (las vivas ni las cuento) de ETA materializada en linchamientos populares

La vuelta a la tortilla, que frase tan vulgar pero acertada para recrear esa escena, se dio al fin, pues los batasunos que comenzaban a abandonar su sede tenían los huevos de corbata (perdón por la expresión) y hubo intentos de linchamientos. vi. a un par de señoras, mayores pero no amedrentadas, que agarraron por los pelos a unas de las batasunas que salían y sentí una mezcla de placer y rechazo (el que ellos se regodeen de las muertes y del dolor que genera ETA debería distanciarnos a nosotros de hacer lo mismo para no caer tan bajo como ellos). Al final lograron huir, entre lagrimas de terror y un ataque de histeria en ciernes... y puede que algún que otro baquero húmedo (sin comprobar).

El colofón lo marcó la acción de los ertzainas cuando, siempre ataviados con pasamontañas negros para no ser identificados y seleccionados como objetivos de la Kale Borroka (Kale=calle Borroka= pelea) o de ataques de ETA, se quitaron los pasamontañas para demostrar que ellos tampoco tenían miedo. La gente grito de alegría y no fueron pocas las señoras que se acercaron a darles besos.

Lo que reservaría de ese día en mi memoria no seria los intentos de linchamiento y la rabia popular sino la existencia ese día de una ciudad sin más palabras y ni gestos tabú, salvo para a los violentos.

Hace unos meses estuve en una boda en Tudela. Se casaba el hijo de un emigrante gallego vecino del pueblo de mi madre, un señor muy simpático y algo simplón al que conozco de hace años y cuyo hijo siempre se muestra aterrorizado durante sus vacaciones veraniegas en Galicia porque salimos a cenar o a tomar unas copas y si sale el tema de la política no nos cortamos y ponemos a parir al BNG y sus sandeces. Para este navarro de primera generación hablar del nazionalismo fuera del ámbito estrictamente familiar es tabú. Al final, dejamos de hablar de según que temas en su presencia. Era molesto comprobar cómo se encogía y miraba por encima del hombro, como de vez en cuando nos pedía que calláramos porque en la mesa de al lado nos miraba mal algún pseudo progre. En Galicia, en tan solo unos meses, ya empieza a encontrarse gente que no se atreve a criticar publicamente las políticas nazionalistas. Me aterra pensar que estamos ante una nueva escalada del miedo al coco nazionalista.

La gente debería darse cuenta de que la mejor manera de luchar contra el cáncer nazionlista es evitar quedarnos callados.

El silencio no es más que cobardía. Es miedo. Y es estúpido. Lo más estúpido que se puede hacer con el tema nazionalista.

Sin lugar a dudas.

El boicot a Catalunya lo está haciendo el mismo gobierno catalán.

Y es que tanta ideología no lleva a ningún sitio, sólo encarece el coste del gobierno, que tenemos que pagar de nuestros bolsillos.

Luego está el tema de las CCAA. Vivimos en un estado federal en la práctica, pero estos señores quieren siempre más para justificarse.

La identidad histórica de España es tremenda y unos cuantos se la están cargando en pro de seguir creando diferencias.

La religión, que tanto critican muchos ha mantenido unida a Espala durante cientos y cientos de años. Ahora con las nuevas ideologías descafeinadas, se está llegando al caso contrario en menos de 100 años.

Sólo hay que darse cuenta cómo en 2 años de inactividad gubernativa y una oposición sin fuerza estamos en una gran crisis social.

El grapo que parece que está cogiendo fuerzas, Terra Lliure volviendo a aparecer apoyada por ERC explícitamente.

A este paso veremos las elecciones 2006.

El día que mataron a M.A. Blanco estábamos, el matrimonio, en Bilbao, asistiendo a la boda de la hija de un buen y gran amigo.
En medio del convite se hizo el silencio y, con un susurro corrió la noticia de que, media hora antes, había sido hallado el cadáver.
Lo que mas me sobrecogió fue el temor, manifiesto, de la gente a hacer el mas mínimo comentario y cuando, en la mesa que nos hallábamos, compuesta por matrimonios de varias provincias, iniciamos una conversación en tal sentido se nos heló la sangre ante las miradas de los que nos rodeaban y, sobre todo, de dos de los camareros que, cercanos a nosotros, eran los encargados de servir nuestra mesa y otra contigua. Inenarrable. Estaban aterrorizados y temían hasta los comentarios de gentes que no teníamos que ver, directamente, con su problema.
Su problema nos afecta, como el catalán, en la medida que altera la convivencia de España, su historia (con historias vascas y catalanas de reciente invención - leer el libro GOOD BYE, SPAIN, de Jesús Lainz, aclaratorio - y de increíbles matices) y su política interior y exterior.
El padre de la novia, nuestro amigo, hace año y medio que ha trasladado su domicilio y su negocio de Import-Export (del somos clientes) a otra región, cambiado el nombre de su empresa y, en fin, escondiéndose.
Hasta esa fecha era colaborador de ETA en la medida que pagaba el impuesto revolucionario. Y, encima, a través de uno de sus proveedores de suministros de oficina (dixit).
Terrorífico.
Y los ¿señores? del PeneV, que digan las mentiras que quieran.
En 20 años ha caído la población de Bilbao (estadística manda) en un veinte por cien (20 %) y su industria, mediana y pequeña, en mas de un treinta (30 %). El PeneV. habla de traslados a polígonos y a ensanches industriales pero lo cierto ha sido la huida de gente y empresas.
Lo mismo está ocurriendo, desde hace un año, en Cataluña. En este caso a marchas forzadas. Conocemos dos empresas, a las que sancionaron por no etiquetar como ellos desean, en catalán, en "su" forma correcta, según "sus" normas cambiantes, que se han trasladado, recientemente, una a Andalucia y otra a Castilla León. Con celeridad, para no esperar a los metodos de vigilancia férrea de ERC que copiarán, seguro, del PeneV.
En fin, por nuestra parte SI hacemos boicot a cataluña.

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