Nomenclatura nacional y ordenadores
Trabajaba en Santander, me presenté a un concurso de traslado y saqué plaza en el ambulatorio deTolosa. Siempre había tenido debilidad por el País Vasco. (Publicado por Teofrasto)
Por mis ancestros, por los compañeros vascos que tuve cuando estudiaba en Valladolid, por, en fin, lo bien que lo pasaba cuando cada verano iba con un grupo de amigos al festival de jazz de San Sebastián.
Llegué a Tolosa, empecé a trabajar y bien. Todo el mundo era amable y reservado. Los únicos chistes que se hacían allí eran a costa de un conserje de procedencia extremeña que tenía montado un negocio con la distribución de los números de consulta. Los primeros los guardaba para el final y los vendía en subasta. Nadie lo criticaba sino todo lo contrario. Lo consideraban un signo de impregnación del espíritu emprendedor de los vascos.
A la semana, o así, de estar trabajando, el paciente, la enfermera y un servidor, nos tiramos al suelo cuando sonaron sucesivas ráfagas de metralleta que iban dirigidas a una sucursal del Vizcaya que estaba allí al lado. Pelillos a la mar. Nadie hizo comentario alguno cuando yo mostre mi sorpresa.
Pasado un mes, como todo trabajador que se precie, me puse a esperar la llegada de la nómina. Pero no llegaba. Como es la primera, pensé, tardará un poco más. Pero pasarón quince, veinte días y nada. Me decidí a llamar al INSALUD. ¡Cómo que no le ha llegado! Hace casi un mes que se lo hemos ingresado en su cuenta corriente, me dijeron. Llamé al banco. Aquí no ha llegado nada, fue su respuesta.
Llamada va, llamada viene y ya estábamos en los comienzos del mes siguiente y en las mismas. Más llamadas y las mismas respuesta. Y así casi otro mes hasta que mirando los sobres que me habían llegado del INSALUD cai en la cuenta de que mi nombre, Echánove, se había convertido por arte de birli-birloque en Etxanobe. Y ahí estaba el problema: los ordenadores del banco no lo reconocían y yo no cobraba. Con lo mal de dinero que siempre se anda cuando se es joven.
Aquí no hay quién viva, pense. No había pasado un año y ya tenía ganado otro concurso-oposición, esta vez en Barcelona. Comenzaba otro calvario. Es mi sino. Por ser español.
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