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Una historia de liberación

Como tantos españoles de la generación del baby boom cuyos padres lidiaron con el Régimen lo mejor que pudieron y supieron, crecí odiando al ser sanguinario que había destrozado familias enteras como la mía en nombre de España. España y Franco, Franco y España, tanto monta. (Publicado por A. Velázquez)


Ambos conceptos quedaron grabados en mi mente adolescente como sinónimos, y sobre ellos construí las estructuras de filias y fobias ideológicas sobre las que iba a sustentar mi credo de adulto. Ni el bachillerato ni la licenciatura posterior lograron liberarme de aquella suerte de encantamiento maniqueo, sino que por el contrario, lo acrecentaron.


El mundo se dividía para mí en buenos y malos, en hombres honrados y luchadores de moral inquebrantable (la izquierda), y en hombres corruptos enriquecidos con el sudor de otros (la derecha). España era un Estado que había conseguido prosperar a pesar de los carcamales derechones que, como viejos monjes escolásticos, obstaculizaban el progreso en bochornosa alianza con la Iglesia. No sé cuándo aprendí aquel adjetivo precioso, aquel talismán para clasificar al prójimo de manera rápida y eficaz.


Lo cierto es que llamar "facha" al que disintiera de mi vademécum de verdades categóricas se convirtió en rutina. El "facha", así lo entendía yo, comprendía un amplio espectro de población, desde los radicales de Fuerza Nueva hasta los tibios con los postulados de izquierda, incluyendo cómo no al Centro, formado por derechistas maquillados con los afeites de la democracia para comerse algún rosco en las urnas. Franco seguía existiendo en ellos, ellos eran España, luego ser de España era igual a ser facha.


El resto vino por añadidura. Flirteé con los nacionalismos, a pesar de haber nacido en una región sin veleidades independentistas, sólo porque se oponían a la idea maldita de España, y me manché -he de reconocerlo hoy así aunque me duela- defendiendo que la causa de los terroristas vascos tenía justificación histórica, no era más que contraviolencia.


Así era yo hace unos años. Hasta que cierto día, no recuerdo a santo de qué noticia, se inició una conversación acalorada en la mesa mientras cenaba con unos amigos. Gobernaba por aquel entonces el PP, y las críticas al Gobierno no faltaban jamás de nuestros encuentros. Nunca se había planteado entre nosotros la más leve discrepancia en asuntos de política, cosa "normal" por otra parte tratándose de intachables defensores de la verdad. Pero aquella noche discrepé. No estaba de acuerdo con el sentir mayoritario, no creía que el Gobierno hubiese actuado mal en aquella ocasión y así lo hice saber. Todos trataban de rebatir mis argumentos, pero me enroqué en ellos porque creía que me amparaba la razón, al menos mi razón. Al final, comprendiendo que no podía hacerme cambiar de opinión, alguien me llamó facha.


No pretendo decir que ahora me halle en posesión de otra verdad, pero he cambiado. Posiblemente algo de aquella ideología combativa de juventud queda en mí. Sólo que ya no hay buenos y malos en mi mundo, sólo razones liberadas de historias que no viví, de odios heredados. Ya no soy esclavo de conceptos vacíos, de equivalencias de parvulario. España no es Franco, ni Blas Piñar, ni José Antonio, ni Queipo de Llano con sus matarifes africanos.


España también es mi padre y la gente que como él luchó por un mundo mejor. Con sus glorias y miserias, España es la nación en la que vivo y de la que me siento parte activa, sin prosopopeyas ni ambigüedades. Lo de facha me costó olvidarlo. Pero son huellas del camino, y nada más. (Publicado por A. Velázquez)

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Comentarios

Todas y cada una de las argumentaciones españolistas tienen respuesta, eso es clarisimo.

Cuando la izquierda y el nazionalismo no puede responder a las ideas que se le enfrentan al que las detenta y las expone le cuelgan la etiqueta de FACHA. No le hicieron a usted más de lo que usted hizo a todos los que llamó facha con anterioridad. Por lo visto, recibir una ración de su propia medicina no le sentó demasiado bien. O sí... Todo depende de como se mire, claro.

Nunca es tarde para arrepentirse de los errores propios.

Muchos deberían leer este articulo. Sobre todo los nacionalistas radicales,con tanto odio por dentro

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